La paradoja del ahorro español queda reflejada en un dato contundente: mientras que el 60% de los ciudadanos confía en conservar su calidad de vida tras el retiro laboral, únicamente el 20% cuenta con un plan estructurado de ahorro o inversión orientado a la jubilación. Esta brecha entre expectativa y preparación sitúa a España como uno de los países europeos más dependientes de las pensiones públicas.
El estudio Saver to Investor: Europe’s opportunity, elaborado por JPMorgan Asset Management mediante una encuesta a 17.000 hogares en nueve países europeos, revela que los españoles confían en el sistema estatal para financiar su retiro. Sin embargo, esta confianza choca con una realidad preocupante: el país acumula una deuda pública superior al 100% del PIB nominal, lo que genera presiones fiscales y cuestiona la sostenibilidad futura de las prestaciones.
El coste de mantener el dinero quieto
Desde el inicio de la pandemia, los hogares europeos han acumulado 2,8 billones de euros adicionales en efectivo, elevando el total a 12,4 billones. La gestora estadounidense calcula que si esa cantidad acumulada desde 2020 se hubiera destinado a acciones globales, su valor actual rondaría los 5,4 billones de euros, frente a los apenas 3 billones que representan mantenidos en liquidez. El coste de oportunidad asciende a 2,4 billones de euros para los ahorradores del continente.
Javier Dorado, director general de J.P. Morgan Asset Management para España y Portugal, subraya que aunque el ahorro es una tradición saludable en Europa, la dependencia excesiva de instrumentos líquidos impacta negativamente tanto en la riqueza de los hogares como en la actividad económica. Esta situación limita el consumo y restringe el acceso de las empresas europeas a la financiación necesaria para su desarrollo.
España, en la cola de la inversión en mercados de capitales
Las cifras posicionan a España en la parte baja de la tabla europea en cuanto a exposición a los mercados financieros. Las participaciones directas equivalen al 23,3% de los activos financieros de los hogares españoles, mientras que la exposición indirecta a través de pensiones apenas alcanza el 5,9%. El total combinado queda por debajo del 30%, superando únicamente a Italia (22,1% en conjunto) y Francia (13,2%).
En el extremo opuesto se encuentran los Países Bajos, donde el 47,1% del ahorro se canaliza a través de pensiones, y Suecia, con un 32,1% por esta vía. Ambos países quedan aún lejos del modelo estadounidense, que registra un 45,6% de participación directa y un 21,4% indirecta. El informe identifica las políticas públicas estructuradas como el factor diferencial, más allá de los conocimientos financieros o la confianza de los ciudadanos.
Miedo, desconocimiento y criptomonedas entre los jóvenes
Los motivos que explican esta baja participación combinan aversión al riesgo y falta de formación. Más de un tercio de los encuestados señala el temor a perder dinero como razón principal para evitar las acciones. El 43% admite que ni siquiera se plantea invertir o desconoce cómo hacerlo, y un 18% cree erróneamente que los activos líquidos ofrecerán mejor rentabilidad a largo plazo.
El resultado se traduce en una planificación deficiente: el 22% de los europeos todavía no ha empezado a pensar en su jubilación, y casi el 20% de las personas entre 46 y 61 años no ha iniciado ningún plan. Entre los menores de 35 años aparece un fenómeno llamativo: para el 10%, las criptomonedas representan su principal instrumento de ahorro e inversión, por encima de fondos tradicionales o planes de pensiones.
Según los datos recogidos, el 27% de los encuestados mantiene la mayor parte de sus ahorros en efectivo, un 15% en activos inmobiliarios y un 10% en fondos de pensiones. Solo 2 de cada 10 declaran tener su dinero en acciones y valores, evidenciando el peso de la liquidez en las estrategias de ahorro familiares.
Dos caminos para impulsar la inversión
Lucía Gutiérrez-Mellado, directora de Estrategia de JPMorgan AM, advierte que si ese ahorro no se dirige hacia la economía productiva, las opciones para incrementar el patrimonio familiar se reducen drásticamente. La gestora propone dos vías complementarias: por un lado, el desarrollo gradual de la educación financiera individual para modificar la aversión al riesgo; por otro, la aplicación de reformas estructurales mediante mecanismos automáticos de adscripción a soluciones de inversión.
Sobre esta segunda línea, el sector español ya ha expresado reservas. La patronal de gestoras Inverco ha advertido que sin incentivos fiscales adecuados, las nuevas cuentas de inversión europeas que impulsa Bruselas no conseguirán atraer el capital necesario. La Comisión Europea ya alertó previamente de que las pensiones públicas no serán suficientes para sostener el nivel de vida de los futuros jubilados, un escenario que comparten Francia e Italia y, con matices, el conjunto del Viejo Continente.
En clave: Por qué importa
La brecha entre expectativas y preparación financiera para la jubilación no es un problema exclusivamente español, pero la dependencia del sistema público de pensiones en un contexto de alta deuda pública plantea riesgos concretos a medio plazo. El dinero aparcado en cuentas corrientes y depósitos no solo pierde poder adquisitivo frente a la inflación, sino que impide aprovechar el crecimiento potencial de los mercados de capitales, un coste de oportunidad que en Europa ya supera los 2 billones de euros desde la pandemia.
La ausencia de políticas públicas que faciliten la canalización del ahorro hacia instrumentos de inversión deja a los ciudadanos españoles en una posición vulnerable. Mientras países como Suecia o los Países Bajos han conseguido integrar planes de pensiones privados con ventajas fiscales en su tejido económico, España sigue confiando en un modelo estatal cuya sostenibilidad está en entredicho. Sin reformas estructurales ni incentivos claros, la transformación del ahorrador español en inversor seguirá siendo una asignatura pendiente, con consecuencias directas sobre el bienestar financiero en la jubilación de millones de personas.



